Sergi SÁNCHEZ
Dirección y guión: Joel y Ethan Coen. Intérpretes: George Clooney, Frances McDormand, Brad Pitt, John Malkovich, Tilda Swinton. EE UU, 08. Duración: 134 min. Comedia.
La frase de Jonathan Swift que encabeza la mítica novela de John Kennedy Toole («Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él») también podría servir como introducción a la nueva película de los Coen si no fuera porque en «Quemar después de leer» no hay ningún genio. Podemos detectar, al fondo del plano, alguna buena persona (el jefe del gimnasio), pero los demás –ex-consultores de la CIA, pediatras, agentes federales, entrenadores personales, etc.– son idiotas que ni siquiera lo saben.
Esta conjura de los necios que los Coen observan por encima del hombro (ése es su principal defecto), es la película de espionaje más absurda jamás rodada: el «macguffin» es un disco de ordenador con datos comprometedores que a nadie (tampoco a los rusos) parece importarle demasiado, exceptuando al idiota más conmovedor de todos, interpretado con grandes dosis de autoironía por Brad Pitt, que hace una llamada telefónica en plena noche que desata una hilarante cadena de desastres. Sería difícil resumir el alambicado argumento de esta comedia bufa sin desvelar cómo los Coen logran diseccionar los pecados de la sociedad norteamericana actual (la estupidez, por supuesto, pero también la ambición, la envidia y el culto a la imagen) a la vez que definen lo que debemos esperar de una película-de-los-Coen. Esto es: misantropía y caricatura servidas en frío por unos actores estupendos, un guión de hierro y un estilo acorde con el cinismo que destila el conjunto.