Angulo pretende que los españoles seamos obligados a ver cine español,
cuando la libertad comprende también la elección de ir o no al cine
Alfonso USSÍA
Reconozco -y me avergüenza hacerlo- que no he sabido hasta hoy que el Director de la Semana Internacional de Cine de Valladolid -léase «Seminci»- se llama Javier Angulo. Conocí a un Javier Angulo en mi juventud, en los patios del Colegio del Pilar, maestro insuperable en el juego de las canicas. Las hacía rodar con efecto y su estilo era magistral. No era, en cambio, anímicamente resistente. Una tarde, su adversario en el canicamen se desahogó tras su derrota de una forma muy colegial llamándolo «Angulo caraculo», y rompió a llorar. Los niños son malvados, y «Angulo caraculo» cambió de colegio harto de su mote. Pero tuvo mala suerte. En su nuevo colegio coincidió con otro desertor del Pilar, que le saludó con grandes muestras de afecto. -¡Hombre, si está aquí «Angulo caraculo»!-, y el pobre se derrumbó para siempre. Su final fue trágico. Se hizo profesor de conducción vial, montó una autoescuela y falleció durante una lección práctica. El alumno, antiguo pilarista, le reconoció en el momento menos oportuno, como es el del embrague cuando cambiaba de la tercera marcha a la directa en el «Seiscientos» autoescolar. -¡Pero si eres «Angulo caraculo»!-, y se empotraron contra un tranvía, que todavía circulaban los tranvías por las calles de Madrid. No puede ser, por tanto, este Javier Angulo mi añorado «Angulo caraculo», fallecido en el cumplimiento de su deber. Pero merece heredar el título por las tonterías que dice. El director de la «Seminci» ha declarado que el Partido Popular es el culpable de la crisis por la que atraviesa el cine español. Y lo ha dicho siendo director de un certamen cinematográfico que se celebra en Valladolid, con una notable ayuda del Ayuntamiento de la capital castellana del Partido Popular, y con la aportación económica de la Junta de Castilla y León, también en manos del Partido Popular, y de la Diputación de Valladolid, asimismo gobernada por el Partido Popular.
Angulo señala a este periódico como uno de los principales enemigos del cine español. Intuye que todo se debe a la guerra de Iraq, y a la venganza del Partido Popular por las pancartas y las pegatinas de la gente del cine. Pero se olvida de que el Partido Popular no gobierna desde el año 2004, y que las ayudas al cine español no están en sus manos, sino en las del Gobierno socialista, nada reacio a repartir pesebres agradecidos. Angulo no es reflexivo, y creo que tampoco justo. La culpa de la crisis del cine español sólo la tiene el cine español, que es pésimo. Con contadísimas excepciones, el cine español es un tostón trascendente sin trascendencia alguna, un cine sin interés, repetitivo, con guionistas sectarios y analfabetos, actores sobreactuados y directores y productores que reinciden siempre en lo mismo. Angulo pretende que los españoles seamos obligados a ver cine español, cuando la libertad comprende también la elección de ir o no al cine, y de elegir la película deseada. Una buena parte del dinero que cobra Angulo como director de la «Seminci» viene del Gobierno autonómico, el Ayuntamiento y la Diputación del Partido Popular. Es decir, que cobra de los impuestos que administra -en este caso, muy mal- el Partido Popular, porque el cine tiene que ser libre, arriesgado y no subvencionado por los contribuyentes. Sucedería en tal caso, que la crisis se convertiría en ruina. Porque el cine español, Angulo, es malísimo. Prefiero al Angulo de mi infancia, al difunto «caraculo».