La gente ha perdido su confianza en el sistema en general y ya no sabe a qué santo encomendarse
Aleix VIDAL-QUADRAS
Vamos de plan de salvación en plan de salvación sin que los mercados se den por enterados. Cada nueva declaración sobre la solidez del sistema bancario español, cada anuncio de incremento del mínimo garantizado en depósitos de particulares, cada medida de apoyo con dinero público a entidades financieras privadas en apuros en nuestro país o en otros y, últimamente, las bajadas de tipo de interés en Europa y Estados Unidos, son acogidas por el IBEX 35 con un descenso de los que quitan el hipo. ¿Qué está pasando? Pues sencillamente que la gente no se fía ni de sus gobernantes ni de los gestores de las grandes empresas ni de los jueces ni de los partidos políticos ni casi de sus vecinos. La gente ha perdido su confianza en el sistema en general y ya no sabe a qué santo encomendarse. Este estado de suspicacia del que no se salva prácticamente ninguna instancia institucional no es episódico ni fortuito. Viene de lejos y se explica por las reiteradas muestras de irresponsabilidad, imprevisión, corporativismo y desprecio por el interés general por parte de unas elites económicas y políticas que han perdido sus referentes morales y que han abdicado de su misión ejemplarizante. El capitalismo no ha de ser puesto entre paréntesis porque en su lugar aparecen el totalitarismo, la opresión y la barbarie, pero sí ha de recuperar sus fundamentos éticos. La sociedad abierta se basa en la libertad y en el respeto a la dignidad, la autonomía y los derechos de los individuos, pero su viabilidad desaparece sin un sólido entramado de reglas escritas y no escritas que hunden sus raíces en los contenidos más excelsos de nuestra civilización. En España, sin ir más lejos, el Gobierno está encabezado por un señor para el cual, según ha manifestado él mismo sin rubor alguno, la verdad no es la primera de las obligaciones de las personas decentes y que otorga al crimen organizado la categoría de interlocutor válido del Estado democrático. A partir de aquí, no hay suficientes miles de millones en el Banco de España para sostener un edificio cuyos cimientos han sido tan letalmente socavados.