La lectura de la Biblia, en la tradición católica, sigue una serie de criterios, resumidos en la declaración Dei Verbum del Concilio Vaticano II. Primero, hay que identificar el género literario que usa el autor de cada libro. Debe leerse ?con el mismo Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos sagrados?. Ningún pasaje se ha de leer de modo aislado, sino en el contexto de toda la Biblia. El Antiguo Testamento ha de leerse y entenderse a partir del Nuevo Testamento. Hay que tener en cuenta ?la Tradición viva de toda la Iglesia?: la liturgia, los escritos de los Padres de la Iglesia, etc... No se puede ?sacar? de un pasaje bíblico una conclusión contraria a lo que se ve en una la lectura completa de la Biblia y de la Tradición. Estos criterios protegen al lector de caer en el fundamentalismo.