La muy progresista política socialdemócrata comporta subir los impuestos y recortar las libertades
Carlos RODRÍGUEZ
BRAUN
Conservo un titular que
refleja la fatal y disparatada arrogancia del presidente del Gobierno: «Zapatero garantiza que España está a salvo de la crisis financiera» (agosto 2007). Pero dejemos hablar al propio Smiley: «El escenario macroeconómico para los dos próximos años es muy positivo. El escenario de riesgo tiene una probabilidad bastante reducida?Continuará el descenso de la tasa de paro? La posición fiscal seguirá mostrando una considerable solidez y contribuirá significativamente a la contención de la inflación? El nivel del gasto público con relación al PIB se ha mantenido constante» (abril 2007); «El Euribor ha tocado techo» (octubre 2007); «La inflación va a bajar ya? Habrá sólo un pequeño repunte del paro» (abril 2008); «Crecemos por encima de la media de la UE» (mayo 2008); «Sabremos hacer recuperar la economía y el empleo» (julio 2008). En suma, Smiley dice cualquier cosa que le convenga para propiciar su poder, y no tiene escrúpulos en hacerlo. Antes de ayer en el Congreso llegó a recurrir a estafas como ésta: «Si descontamos las afiliaciones de la construcción, la creación de empleo se mantiene en tasas positivas». A tenor de los desvaríos demagógicos de los demás portavoces, dirá usted que lo que muestra la sesión del miércoles es que la transgresión de la lógica es inseparable de la política, y la democracia no es la excepción. Es verdad, pero no deja de chocarme hasta qué punto esto se puede hacer descarada e impunemente. Lo ilustro con dos de los varios insultos a la inteligencia que perpetró Smiley. Uno fue el despropósito de acusar al PP de «ultraliberal». Y el otro fue su reiterada reclamación de santidad porque el Gobierno jamás reducirá sus «compromisos sociales». Lo dijo como si el famoso gasto social lo pagara él de su generoso bolsillo. Por supuesto, no es así, el gasto social es gasto político, se hace para legitimar el poder y siempre lo paga el pueblo trabajador. La política socialdemócrata, pues, comporta subir los impuestos a los ciudadanos y recortar sus libertades. Lógicamente, la bancada socialista aplaudió a rabiar.