Es injusto que hablemos de tres o cuatro empresarios cuando se
sabe que la coacción terrorista afecta a todo el tejido empresarial
Carmen GURRUCHAGA
Pocas veces una buena noticia ocupa las portadas de los medios de comunicación en todo el mundo, rompiendo la máxima periodística que reza: «Good news, no news». Sin embargo, el miércoles por la noche, hora europea, llegaba a las redacciones de todos los medios la magnífica noticia de que el Ejército colombiano había conseguido liberar a Ingrid Betancourt y a otras 14 personas más de las garras terroristas de las FARC. Hay quien denomina a las FARC de grupo guerrillero, pero si lo fue en algún momento de sus 46 años de existencia, los mismos que tiene la política liberada, perdió todo atisbo de romanticismo desde el momento en que empezó a usar el narcotráfico como fuente de financiación.
La operación del Ejército colombiano fue impecable. Sin un solo tiro y sin ninguna contrapartida para los terroristas rescataron a 15 de los 40 secuestrados canjeables, con la esperanza de que este gesto pacífico haga percibir a los terroristas la conveniencia de entregar a los restantes 25. Las FARC han descarriado en el pulso con Uribe, porque éste se ha mantenido firme y no ha perdido de vista el horizonte final de la derrota de los terroristas. Es verdad que los fallecimientos de Reyes y Tirofijo así como las deserciones pagadas deben haber ayudado al desconcierto interno de la banda, pero sobre todo, ha triunfado la persistencia frente a las propuestas pactistas del exterior.
Nada que ver con lo que sucede por nuestros pagos, donde los etarras, in extremis, siempre reciben oxígeno de su entorno, obviamente; del Gobierno, cuando quiso negociar; del PNV, porque necesita los votos de sus acólitos en las próximas autonómicas; de los empresarios porque les pagan? Estos días el juez Garzón está llamando a declarar a directivos de compañías vascas por los pagos a ETA. Entre ellos Jesús Guibert, que ya fue secuestrado por la banda, lo que destierra dos leyendas urbanas: quien ha pagado un secuestro queda eximido para los restos y los nacionalistas no son objetivo del chantaje. Es injusto que hablemos de tres o cuatro empresarios cuando se sabe que la coacción terrorista afecta a todo el tejido empresarial. En realidad, toda la sociedad es objetivo etarra y como escribió Blas de Otero en un poema popularizado por Paco Ibáñez : «Vendrán por ti, por mí, por todos y también por ti . Aquí no se salva ni Dios, lo asesinaron». De la voracidad terrorista no se salvan los «capitalistas», pero tampoco los intelectuales, ni los obreros, ni los guardias? Es decir, nadie que se oponga al totalitarismo, al asesinato, al chantaje o a la dictadura de las pistolas. Por este motivo, la clase empresarial debería actuar como el resto de los colectivos afectados; sin satisfacer las exigencias etarras. Es humanamente comprensible la tentación de comprar seguridad a cambio de dinero, pero no, si ese dinero se utiliza para comprar balas con las que asesinar a quienes no pueden pagar la libertad, con lo que los pagadores desvían el tiro hacia otras personas.
Si un agente de la autoridad ayuda a ETA o un intelectual escribe o da una charla a favor de la banda, son acusados de colaboración con banda armada o de enaltecimiento del terrorismo. Quien subvenciona a los terroristas aunque sea involuntariamente, también incurren en un delito.