Ninguna
empresa colectiva puede salir indemne de una pérdida de este calibre
Aleix VIDAL-QUADRAS
La carta es breve, concisa, sobria, serenamente triste. Media docena de párrafos justos en los que se dice todo y no sobra nada. Hay despedidas que suenan a desgarro, adioses que respiran alivio, partidas que rezuman despecho. Esta misiva final desprende el aroma reposado de la coherencia plena y de la paz de espíritu. Sin embargo, que nadie se engañe, no es una hoja invernal caída del árbol con la resignación que trae lo inevitable, es una rama de primavera tronchada en fresco verdor, repleta de savia viva, arrancada con dolor, absurdamente. Ciertas inmolaciones jamás se olvidan, antes bien son los que han oficiado el sacrificio o los que lo han contemplado con curiosidad malsana o con indiferencia pusilánime los que acaban expulsados de la Historia, de la gran Historia, la que se escribe con la tranquila seguridad del heroísmo. El papel yace sobre mi mesa de trabajo, inmóvil, pero insoslayable: «Querido... he podido confirmar que la Dirección Nacional del partido tiene una visión completamente distinta de la mía en relación con la situación política y social y con la manera de enfrentarse a ella», «...creo que lo más honrado, con el partido y conmigo misma, es apartarme de la vida política». Sobrecogedoras palabras, cargadas con el peso trágico de las decisiones difíciles. Quién es capaz de salir de la escena con semejante desprendimiento, con una tal exhibición de elegancia, puede que no tenga por completo razón, pero no cabe duda que le sobra dignidad. Ninguna organización, ninguna empresa colectiva puede salir indemne de una pérdida de este calibre, y cualquier maniobra destinada a enterrar el recuerdo del miembro así amputado o a sustituirlo con un injerto apresurado está abocada al fracaso. El precio a pagar en términos morales es inconmensurable, en términos electorales se anuncia muy alto. ¿Tiene todavía solución esta desgracia? se preguntan, nos preguntamos algunos testigos desolados. La respuesta a tan acuciante pregunta es afirmativa. ¿Sabrán o querrán aplicarla los que se encuentran en posición de hacerlo? La esperanza es lo último que se pierde.