Iñaki ZARAGÜETA
Ojalá me equivoque y se cumplan las palabras del secretario de Estado del Medio Rural y Agua, Josep Puxeu, de que este Gobierno no descarta el trasvase del Ebro aunque sea con las condiciones de necesidad y consenso. Son manifestaciones para la esperanza aunque, hoy por hoy y a juzgar por los hechos, reboso escepticismo.
Lo cierto es que la cada día queda más demostrada la necesidad de agua en la Comunitat Valenciana, donde la sequía es estructural y no coyuntural como en Cataluña. A pesar de ello, se había aprobado realizar un trasvase hídrico a Barcelona. Ayer mismo, los pantanos de la Comunitat, después de las lluvias caídas, se encontraban al 27 por ciento en el Júcar y al 22 en el Segura, mientras que la media de España se halla en el 60, la del Ebro en el 81 y las cuencas catalanas en el 61. Con estas cifras ¿cómo puede darse la espalda a la realidad?.
Con ellas resulta imposible defender una política antitrasvasista como la que hasta ahora esgrimió la ex-ministra Cristina Narbona, de infausta memoria, máxime cuando en nuestra región el ahorro y la eficacia en el consumo están más que demostradas.
A las condiciones de necesidad y consenso expuestas por el secretario de Estado, yo añadiría otra, la más importante: que haya voluntad política por parte de Zapatero.